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lunes, 13 de abril de 2015

Me da miedo


Se están llevando al cine, y triunfando, una serie de obras de literatura juvenil que presentan unas sociedades resultado de una catástrofe total, normalmente guerra, que pretenden de una u otra manera encontrar una estabilidad que evite un nuevo desastre: Divergente, Los juegos del hambre, El corredor del laberinto.

No en pocas ocasiones la ciencia ficción ha sido profética. Me da miedo que la escalada de violencia en el mundo y, sobre todo, la educación en la permisividad y falta de valores claros y estables en la que están creciendo los niños, nos pueda llevar sin remedio a algún tipo de situación parecida a la descrita en las novelas de ficción.

Es verdad que estoy siendo un poco catastrofista, pero aquellos que durante años han trabajado con niños; educadores, maestros, catequistas, en no pocas ocasiones manifiestan que cada vez más los niños arrastran problemas de falta de atención, respeto e incluso violencia. Agravándose esta situación en la adolescencia.

Entre otros problemas que afectan a los niños, el Papa Francisco, denunciaba algo parecido en la audiencia del miércoles pasado: “Demasiado a menudo en los niños recaen los efectos de la vida de un trabajo precario o malpagado, de horarios insostenibles, de transportes ineficientes… Pero los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables, son las primeras víctimas. Sufren los resultados de la cultura de los derechos subjetivos exasperados, y se convierten después en hijos más precoces. A menudo absorben una violencia que no son capaces de “disponer”, y bajo los ojos de los grandes están obligados a acostumbrarse a la degradación.”


Cuando estos niños sean adultos y todo lo que han vivido aflore en sus relaciones diarias, ¿cómo será la sociedad, hacia dónde caminará? En la educación está que el futuro sea el que queremos.



viernes, 22 de enero de 2010

El cine educa


El cine es hoy un poderoso canal para la trasmisión de pensamientos, valores, creencias y visiones de la vida. Así, por muy espectacular, bien pensadas y pronunciadas que sean las conferencias sobre el cambio climático y el ecologismo que por el mundo da el premio nobel de la paz y ex-candidato a la Casa Blanca, Al Gore, no tendrán el efecto persuasivo que está teniendo la nueva película de James Cameron. Cuando uno se acerca a una conferencia, normalmente intenta llevarse consigo el juicio crítico que le ayude a filtrar las palabras del conferenciante, pero cuando uno va a la sala de cine es para no pensar mucho, dejarse llevar y disfrutar a lo grande. Por eso, si la película es cinematográficamente espectacular, su mensaje cala sin que nos demos cuenta, pues, nuestras defensas están bajadas.

Para un cristiano, su firme formación filosófica, moral y religiosa deberían ser el arma eficaz para quedarse con lo bueno de aquello que ve, el trigo, y ser capaz de ver críticamente los contravalores que le acompañan, la cizaña, por usar una comparación con la parábola evangélica.

Estoy convencido que muchos jóvenes y adolescentes católicos se han acercado estos días a ver Avatar. Ciertamente su formación humana y cristiana aún no es sólida, pero si algo bueno tiene además el cine y sobre todo aquellas películas que han gustado a todos, es que dan pie a poder hablar de ellas casi ininterrumpidamente, lo cual es muy aprovechable, porque puede ayudar muy mucho a encauzar críticamente el mensaje.

En el post anterior destacaba los muchos valores de este film, aunque ciertamente estoy también totalmente de acuerdo con las críticas que desde el periódico “Osservatore Romano” se le han hecho. Avatar presenta, según el cotidiano de la Santa Sede, “una apología del panteísmo, una fe que hace a Dios igual a la naturaleza y llama a la humanidad a una comunión religiosa con el mundo natural”, todo ello en una historia que “hace caer en el sentimentalismo”.

Con alguna crítica cinematográfica en la mano y el mensaje cristiano claro, bien se puede aprovechar la coyuntura del éxito del imaginario mundo de Pandora para reforzar la formación de los jóvenes cristianos y los no tan jóvenes, apelando a una realidad manifestada en el film: sólo por el diálogo puede llegar el entendimiento.

domingo, 3 de enero de 2010

AVATAR. Un Western futurista cargado de valores



Con una trama de sobra empleada en el cine, una bellísima historia de amor en un mundo de fantasía, enmarcada en una especie de “conquista del oeste”, James Cameron nos presenta una superproducción que desde el inicio te cautiva por el realismo de las imágenes en 3D y la hermosura de los paisajes y colores del planeta Pandora. Una humanidad materialista, sin dios y avara de dinero y poder, busca explotar nuevos mundos con el empleo de una fuerza basada en una maquinaria bélica al estilo “Terminator”, pero choca con la oposición de un pueblo indígena y salvaje incapaz de comprender la necesidad del progreso humano. Un ambicioso proyecto científico permitirá el acercamiento, estudio y diálogo con el pueblo indígena.

Aquí es donde entra el descubrimiento de los grandes valores que dicho pueblo encierra y que nos recuerdan, en parte, a los valores y tradiciones cristianas. Desde un impresionante proceso de iniciación, donde un padrino, elegido por la comunidad, que con el ejemplo personal enseñará y acompañará al protagonista en su tarea de aprender sus tradiciones, costumbres y creencias: El respeto de la vida, la aceptación de la muerte, el matrimonio indisoluble, el valor de la oración; hasta que, haciéndolo todo suyo, es incorporado al pueblo a través de una prueba que sirve de bautismo de fuego y una gran ceremonia de confirmación, definida como un nuevo nacimiento. La unidad, el amor y el sacrificio martirial son también valores destacados y las verdaderas armas contra el mal, añadidos a los efectos de una oración sincera.

En definitiva, un film para disfrutarlo y meditarlo.

domingo, 22 de noviembre de 2009

1Cor 15,25


“Cristo tiene que reinar”
(Corazón de Jesús de Cáceres, España)

Esta semana he ido al cine a ver la última película ahora en cartelera que plantea el fin del mundo. Según este film nos quedan los días contados, exactamente, a partir de hoy, tres años y un mes. 21 de diciembre de 2012 es la fecha límite.

Qué mejor fecha hoy, fiesta de Jesucristo Rey del Universo, último domingo del año litúrgico, para hablar un poco del fin del mundo. En definitiva el año litúrgico, con su devenir cíclico, nos recuerda que nuestra vida tiene un inicio y un fin, pero no un fin cualquiera, sino un fin triunfal: “Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono, junto a mí” (Ap 3,21).


Creo que si una película se atreve a plantear e imaginar el fin del mundo, no se puede desperdiciar la oportunidad para hablar del tema, porque ¿quién no ha fantaseado alguna vez sobre cómo será ese final? Cierto que para muchos, sólo pensarlo, les debe poner nerviosos; supone pensar en la muerte. Pero, según Covey en sus “Siete reglas para tener éxito”, puede ser incluso muy productivo. Los beneficios de hacerlo ya estaban muy bien expresados en una frase esculpida varios siglos antes en la pared externa de la capilla de ánimas de mi pueblo natal, Villamiel, provincia de Cáceres, España, como un consejo para aprovechar cada momento de la vida: “Haz aquello que quisieras haber hecho cuando mueras” o aquella otra de "no hay cosa que más despierte que dormir sobre la muerte".

No quisiera desvelar muchos detalles de la película, por si alguno desease verla, pero debo decir que, acorde con las declaraciones de su director, Roland Emmerich, las religiones organizadas no quedan muy bien paradas, sobre todo la católica, ya que no sería la religión la que te salva, de hecho todo aquel que manifiesta una cierta fe durante la proyección, muere. Sin embargo, no puedo dejar de destacar ciertos valores que sí te salvan y que quedan muy bien expresados en esta producción: las catástrofes unen a las familias y la familia te salva; te salva también el amor, que es el mismo que te redime a través de los actos desinteresados hacia los demás, donde queda manifestada tu humanidad y, por último, la humanidad se salva gracias a la ciencia, siempre y cuando sirva para poner en común lo mejor de cada nación.

Curiosamente, aunque el director quiera dejar la religión a un lado, no puedo, si la veis os daréis cuenta, dejar de encontrar una gran similitud entre el planteamiento de la película y el relato del génesis sobre el diluvio universal.

Y sucedió que en el año seiscientos uno de Noé, en el mes primero, el día primero del mes, las aguas se secaron sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba seca. Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca” (Gn 8,13.19).