lunes, 13 de abril de 2015

Me da miedo


Se están llevando al cine, y triunfando, una serie de obras de literatura juvenil que presentan unas sociedades resultado de una catástrofe total, normalmente guerra, que pretenden de una u otra manera encontrar una estabilidad que evite un nuevo desastre: Divergente, Los juegos del hambre, El corredor del laberinto.

No en pocas ocasiones la ciencia ficción ha sido profética. Me da miedo que la escalada de violencia en el mundo y, sobre todo, la educación en la permisividad y falta de valores claros y estables en la que están creciendo los niños, nos pueda llevar sin remedio a algún tipo de situación parecida a la descrita en las novelas de ficción.

Es verdad que estoy siendo un poco catastrofista, pero aquellos que durante años han trabajado con niños; educadores, maestros, catequistas, en no pocas ocasiones manifiestan que cada vez más los niños arrastran problemas de falta de atención, respeto e incluso violencia. Agravándose esta situación en la adolescencia.

Entre otros problemas que afectan a los niños, el Papa Francisco, denunciaba algo parecido en la audiencia del miércoles pasado: “Demasiado a menudo en los niños recaen los efectos de la vida de un trabajo precario o malpagado, de horarios insostenibles, de transportes ineficientes… Pero los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables, son las primeras víctimas. Sufren los resultados de la cultura de los derechos subjetivos exasperados, y se convierten después en hijos más precoces. A menudo absorben una violencia que no son capaces de “disponer”, y bajo los ojos de los grandes están obligados a acostumbrarse a la degradación.”


Cuando estos niños sean adultos y todo lo que han vivido aflore en sus relaciones diarias, ¿cómo será la sociedad, hacia dónde caminará? En la educación está que el futuro sea el que queremos.



martes, 7 de abril de 2015

Convertirse o morir

“¿Por qué no se va y se elimina a todos?”, me preguntaba un chico, refiriéndose al mal denominado estado islámico, ya que no creo que haya sido reconocido como tal por ningún organismo. Con esta pregunta estaba más o menos, sin saberlo, justificando algunas soluciones históricas, como las cruzadas. No en vano, seguramente, muchos habrán pensado lo mismo.
¿Realmente la solución pasa por las espadas? Estamos en la semana más importante para los cristianos. Vamos a celebrar el triunfo, no de las espadas, pues, “quien a hierro mata…”, sino del amor crucificado, de la entrega y el perdón. Aunque no seas de los que asisten a las celebraciones, lo vas a ver representado en la variada imaginería que inunda nuestras calles estos días.
¿Solución? No sé. Pero hay que buscarla. Mientras tanto no queda otra que, para los que creen que una fuerza superior puede intervenir de alguna forma, rezar. Esta Semana Santa se invita a hacerlo no sólo de manera individual, sino pública. Se invita a pedir, sobre todo, por los cristianos perseguidos. Es principalmente la comunidad cristiana de los países donde el yihadismo islámico más está atacando la que más está sufriendo: sus opciones son huir de sus hogares, convertirse o morir.
Los templos y las casas se pueden reconstruir, las vidas humanas no. Secuestros en masa, asesinatos de niños, violaciones, son el pan nuestro de cada día de miles de cristianos en Siria, Pakistán, Irak, Nigeria, India.

Los medios, ventana por la que solemos casi exclusivamente mirar la realidad, no siempre nos muestran esta otra realidad. Si eres de los que creen, no te quedes impasible y reza por las víctimas de esas “personas que dicen ser religiosas, pero que abusan de la religión para convertirla en una ideología que se doblegue a sus intereses de opresión y muerte”, como las ha definido el Papa Francisco.

martes, 3 de marzo de 2015

Cofrade


La Semana Santa ya está a la vista, las bandas de música ensayan para los desfiles procesionales y los cofrades han comenzado a desempolvar las túnicas. Como anticipo, todas las cofradías y hermandades de la diócesis de Coria-Cáceres, desde hace veintiséis años, se reúnen en una asamblea multitudinaria; este año, en Montehermoso, el pasado sábado, veintiocho de febrero.

Limitar la labor de un cofrade al momento puntual de la o las procesiones en las que participe sería empobrecer enormemente el sentido propio del mismo. Cofrade -cum frater, en latín- significa "hermano-con", o sea, aquel que vive y celebra la fe con otros hermanos. No se entiende, pues, un cofrade sin la referencia a una comunidad.

La Escuela Cofrade que existe en la diócesis, y por la que ya han pasado más de setecientos hermanos, entre otros, tiene el objetivo de concienciar a sus participantes en la necesidad de ser cofrade todo el año y de vivir su ser cofrade en referencia a la comunidad parroquial a la que pertenece. De hecho, la gran mayoría de las cofradías, penitenciales principalmente, surgieron no tanto en torno a una imagen, sino para paliar ciertas necesidades y carencias que se daban en la comunidad durante el año: asistencia a los pobres, enfermos, parados, encarcelados, viudas y huérfanos, etc.


Ese sentido de comunidad y de labor social y caritativa es el que habría que recuperar. En la Asamblea celebrada en Montehermoso se ha reflexionado sobre la aportación y participación de las cofradías y hermandades en el XIV Sínodo Diocesano que se está celebrando en la diócesis de Coria-Cáceres. El Sínodo puede ser la gran oportunidad de todos los cofrades para encontrar de nuevo su verdadero lugar en las comunidades de pertenencia y para que su estar no sólo sea el pocesionar durante la Semana Santa, por muy de interés turístico que sea.



lunes, 16 de febrero de 2015

Carnaval y Cuaresma

El carnaval, como todo lo espectacular y colorido, se ha convertido en un evento mediático, que copa las primeras páginas de los periódicos y abre informativos. Pero “ya no es lo que era”, se suele escuchar entre los mayores de nuestros pueblos.
En muchos lugares, los disfraces es ya sólo cosa de niños y jóvenes. Los niños para perder un día de clase, porque se suele adelantar al viernes, y los jóvenes para sacar el botellón a la calle. Se conserva con fuerza, eso sí, en aquellos lugares donde el carnaval ha subido de nivel, convirtiéndose en atracción turística.
El carnaval nace unido a la cuaresma. Como antesala de la misma, servía para darse los últimos caprichos antes de que comenzaran los rigores penitenciales. Y, como la cuaresma ya no es tampoco lo que era, no lo puede ser el carnaval.
La cuaresma, que comienza con el miércoles de ceniza, es para los cristianos “un tiempo de renovación”, según el Papa Francisco en su mensaje para este tiempo. Quizá sería bueno no dejar pasar de largo la oportunidad de recuperar su sentido.
Lo primero que al Papa le preocupa es el peligro de “la globalización de la indiferencia”. “Yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial”.
Francisco propone como solución preguntarse: “¿Dónde está tú hermano?” y tomar conciencia de que en el mundo somos una unidad y “si un miembro sufre, todos sufren con él”.
 “La cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro” y “ayudar con gestos de caridad”. Hay que “superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia”, “porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida”. No negarán que esto son, incluso, luces para superar la crisis.

Si los cristianos recuperásemos la cuaresma, el carnaval se llenaría de sentido.