martes, 14 de abril de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
Me da miedo
Se están llevando al cine, y
triunfando, una serie de obras de literatura juvenil que presentan unas
sociedades resultado de una catástrofe total, normalmente guerra, que pretenden
de una u otra manera encontrar una estabilidad que evite un nuevo desastre:
Divergente, Los juegos del hambre, El corredor del laberinto.
No en pocas ocasiones la ciencia
ficción ha sido profética. Me da miedo que la escalada de violencia en el mundo
y, sobre todo, la educación en la permisividad y falta de valores claros y
estables en la que están creciendo los niños, nos pueda llevar sin remedio a
algún tipo de situación parecida a la descrita en las novelas de ficción.
Es verdad que estoy siendo un
poco catastrofista, pero aquellos que durante años han trabajado con niños;
educadores, maestros, catequistas, en no pocas ocasiones manifiestan que cada
vez más los niños arrastran problemas de falta de atención, respeto e incluso
violencia. Agravándose esta situación en la adolescencia.
Entre otros problemas que afectan
a los niños, el Papa Francisco, denunciaba algo parecido en la audiencia del
miércoles pasado: “Demasiado a menudo en
los niños recaen los efectos de la vida de un trabajo precario o malpagado, de
horarios insostenibles, de transportes ineficientes… Pero los niños pagan
también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables, son
las primeras víctimas. Sufren los resultados de la cultura de los derechos
subjetivos exasperados, y se convierten después en hijos más precoces. A menudo
absorben una violencia que no son capaces de “disponer”, y bajo los ojos de los
grandes están obligados a acostumbrarse a la degradación.”
Cuando estos niños sean adultos y
todo lo que han vivido aflore en sus relaciones diarias, ¿cómo será la
sociedad, hacia dónde caminará? En la educación está que el futuro sea el que
queremos.
martes, 7 de abril de 2015
Convertirse o morir
“¿Por qué no se va y se elimina a todos?”,
me preguntaba un chico, refiriéndose al mal denominado estado islámico, ya que
no creo que haya sido reconocido como tal por ningún organismo. Con esta
pregunta estaba más o menos, sin saberlo, justificando algunas soluciones
históricas, como las cruzadas. No en vano, seguramente, muchos habrán pensado
lo mismo.
¿Realmente la solución pasa por las
espadas? Estamos en la semana más importante para los cristianos. Vamos a
celebrar el triunfo, no de las espadas, pues, “quien a hierro mata…”, sino del
amor crucificado, de la entrega y el perdón. Aunque no seas de los que asisten
a las celebraciones, lo vas a ver representado en la variada imaginería que
inunda nuestras calles estos días.
¿Solución? No sé. Pero hay que buscarla.
Mientras tanto no queda otra que, para los que creen que una fuerza superior
puede intervenir de alguna forma, rezar. Esta Semana Santa se invita a hacerlo
no sólo de manera individual, sino pública. Se invita a pedir, sobre todo, por
los cristianos perseguidos. Es principalmente la comunidad cristiana de los
países donde el yihadismo islámico más está atacando la que más está sufriendo:
sus opciones son huir de sus hogares, convertirse o morir.
Los templos y las casas se pueden
reconstruir, las vidas humanas no. Secuestros en masa, asesinatos de niños,
violaciones, son el pan nuestro de cada día de miles de cristianos en Siria,
Pakistán, Irak, Nigeria, India.
Los medios, ventana por la que solemos
casi exclusivamente mirar la realidad, no siempre nos muestran esta otra realidad.
Si eres de los que creen, no te quedes impasible y reza por las víctimas de
esas “personas que dicen ser religiosas, pero que abusan de la religión para
convertirla en una ideología que se doblegue a sus intereses de opresión y
muerte”, como las ha definido el Papa Francisco.
martes, 3 de marzo de 2015
Cofrade
La Semana Santa ya está a la
vista, las bandas de música ensayan para los desfiles procesionales y los
cofrades han comenzado a desempolvar las túnicas. Como anticipo, todas las
cofradías y hermandades de la diócesis de Coria-Cáceres, desde hace veintiséis
años, se reúnen en una asamblea multitudinaria; este año, en Montehermoso, el
pasado sábado, veintiocho de febrero.
Limitar la labor de un cofrade al
momento puntual de la o las procesiones en las que participe sería empobrecer
enormemente el sentido propio del mismo. Cofrade -cum frater, en latín-
significa "hermano-con", o sea, aquel que vive y celebra la fe con otros
hermanos. No se entiende, pues, un cofrade sin la referencia a una comunidad.
La Escuela Cofrade que existe en
la diócesis, y por la que ya han pasado más de setecientos hermanos, entre
otros, tiene el objetivo de concienciar a sus participantes en la necesidad de
ser cofrade todo el año y de vivir su ser cofrade en referencia a la comunidad
parroquial a la que pertenece. De hecho, la gran mayoría de las cofradías,
penitenciales principalmente, surgieron no tanto en torno a una imagen, sino
para paliar ciertas necesidades y carencias que se daban en la comunidad
durante el año: asistencia a los pobres, enfermos, parados, encarcelados, viudas
y huérfanos, etc.
Ese sentido de comunidad y de
labor social y caritativa es el que habría que recuperar. En la Asamblea
celebrada en Montehermoso se ha reflexionado sobre la aportación y
participación de las cofradías y hermandades en el XIV Sínodo Diocesano que se
está celebrando en la diócesis de Coria-Cáceres. El Sínodo puede ser la gran
oportunidad de todos los cofrades para encontrar de nuevo su verdadero lugar en
las comunidades de pertenencia y para que su estar no sólo sea el pocesionar
durante la Semana Santa, por muy de interés turístico que sea.
lunes, 16 de febrero de 2015
Carnaval y Cuaresma
El carnaval,
como todo lo espectacular y colorido, se ha convertido en un evento mediático,
que copa las primeras páginas de los periódicos y abre informativos. Pero “ya
no es lo que era”, se suele escuchar entre los mayores de nuestros pueblos.
En muchos
lugares, los disfraces es ya sólo cosa de niños y jóvenes. Los niños para
perder un día de clase, porque se suele adelantar al viernes, y los jóvenes
para sacar el botellón a la calle. Se conserva con fuerza, eso sí, en aquellos
lugares donde el carnaval ha subido de nivel, convirtiéndose en atracción
turística.
El carnaval nace
unido a la cuaresma. Como antesala de la misma, servía para darse los últimos
caprichos antes de que comenzaran los rigores penitenciales. Y, como la
cuaresma ya no es tampoco lo que era, no lo puede ser el carnaval.
La cuaresma, que
comienza con el miércoles de ceniza, es para los cristianos “un tiempo de
renovación”, según el Papa Francisco en su mensaje para este tiempo. Quizá
sería bueno no dejar pasar de largo la oportunidad de recuperar su sentido.
Lo primero que
al Papa le preocupa es el peligro de “la globalización de la indiferencia”. “Yo
estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta
actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial”.
Francisco
propone como solución preguntarse: “¿Dónde está tú hermano?” y tomar conciencia
de que en el mundo somos una unidad y “si un miembro sufre, todos sufren con
él”.
“La cuaresma es un tiempo propicio para
mostrar interés por el otro” y “ayudar con gestos de caridad”. Hay que “superar
la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia”, “porque la necesidad
del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida”. No negarán que esto son,
incluso, luces para superar la crisis.
Si los
cristianos recuperásemos la cuaresma, el carnaval se llenaría de sentido.
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